Cómo elegir un TPV para el necocio de tu cliente sin arrepentirte a los seis meses
La pantalla es lo de menos. Estas son las cinco cosas que de verdad determinan si un TPV te va a ayudar o a amargar el servicio.
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Vendemos TPV, así que esto va a sonar raro: la mayoría de la gente elige mal por fijarse en lo que menos importa. Se comparan pulgadas y precios, y luego el problema aparece un viernes a las once de la noche.
1. El software antes que el hardware
El hierro se cambia. El programa, no tanto: ahí están tus productos, tus precios, tu histórico. Pregunta quién lo desarrolla, con qué frecuencia lo actualiza y qué pasa si algún día quieres cambiar de proveedor.
Y prueba tú a dar de alta un plato. Si no eres capaz en dos minutos, tu equipo tampoco.
2. Quién te coge el teléfono
Esta es la pregunta que casi nadie hace y la que más duele después. Averigua si el soporte lo da quien te lo instaló o una centralita a 500 km. Pregunta el horario real —no el de la web— y qué pasa un sábado por la noche.
3. Qué ocurre si se cae internet
Un TPV que solo funciona en la nube te deja vendido en un corte de línea. Pregunta si puede seguir cobrando en local y sincronizar después. En un local con mucho volumen esto no es un detalle técnico: es poder cerrar la caja o no.
4. Que el hardware aguante la barra
Una barra tiene grasa, humedad, calor y golpes. Mira dos cosas concretas:
- Pantalla capacitiva, que responde con el dedo mojado. Las resistivas baratas no.
- Sin ventilador. Un ventilador chupa polvo y grasa y acaba matando la placa.
5. Verifactu, ya de paso
Si vas a comprar en 2026, que salga preparado. No tiene sentido estrenar equipo y tener que tocarlo a los seis meses. Aquí explicamos qué implica.

